Banquetas rotas, respuestas peores: Cecilia le pasa la bolita al ciudadano mientras Mérida camina al borde
La declaración de Cecilia Patrón sobre que las banquetas son responsabilidad de los dueños de las casas cayó como balde de agua sucia sobre una ciudadanía que lleva años lidiando con una ciudad cada vez menos caminable. Basta recorrer el centro para ver el desastre: banquetas disparejas, escalones improvisados, tramos intransitables, registros, postes y superficies resbalosas que obligan a adultos mayores, personas con discapacidad y peatones en general a bajarse a la calle para esquivar autos. El problema no es nuevo, pero sí resulta insultante que la respuesta oficial sea deslindarse. El Ayuntamiento regula, autoriza y administra la vía pública. Pretender que todo se resuelva cargándole la mano al vecino solo confirma una administración que prefiere repartir culpas antes que asumir funciones.

El hartazgo crece porque la ciudad real no se parece en nada a la que presume el discurso oficial. Mientras la alcaldesa habla de corresponsabilidad, el electorado enfrenta banquetas que parecen trampas y una movilidad urbana pensada sin respeto por quienes más necesitan seguridad. La molestia no nace de una frase aislada, sino de una acumulación de abandono: calles rotas, luminarias fallando, parques olvidados y ahora banquetas convertidas en símbolo de una autoridad que no quiere hacerse cargo. Mérida necesita orden, accesibilidad y criterio público, no una alcaldía que responde como si gobernar consistiera en lavarse las manos y seguir de gira.



