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15 años de negocio, deuda y focos chafas a costa de Mérida

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El escándalo de las luminarias ya no puede venderse como herencia incómoda ni como problema técnico. Es una cadena política perfectamente identificable. Angélica Araujo abrió el expediente en 2011 con el cambio masivo de 82 mil luminarias mediante un contrato de arrendamiento financiero que dejó amarrado al Ayuntamiento. Renán Barrera llegó, canceló ese contrato y detonó una deuda que terminó en un pago por 588.7 millones de pesos a Banco Santander. En el cierre de su administración todavía apareció un “bono de salida” de 27.9 millones pagado por un supuesto “éxito” en luminarias que la ASEY consideró inexistente. Ahora Cecilia Patrón no corrigió el rumbo: lo continuó con nuevas compras millonarias que ya están bajo revisión y denuncia formal.

Los números son demoledores. En 2025, el Ayuntamiento destinó más de 150 millones de pesos para adquirir 20,748 luminarias LED mediante licitaciones impugnadas por 15 empresas del sector. El señalamiento no fue menor: las lámparas tendrían componentes descontinuados y obsoletos, con una eficacia de apenas 140 lúmenes por watt, por debajo del promedio nacional de 155 lm/watt de las luminarias certificadas por CFE-PAESE. El contraste exhibe todavía más la irregularidad, porque el propio municipio había comprado en 2024 luminarias con eficacia superior a 170 lm/watt. Como si no bastara, hay otra licitación en curso para 25 mil luminarias más, también por alrededor de 150 millones, con plazos de entrega de 13 días naturales, algo que las empresas califican como materialmente imposible sin acuerdos previos o información privilegiada.

Eso explica por qué el tema dejó de ser alumbrado y se convirtió en retrato político. Tres administraciones, dos partidos y el mismo fondo: contratos abultados, decisiones cuestionadas, tecnología discutible y un servicio que sigue sin darle certeza a la gente. Mientras los gobiernos presumen modernización, los ciudadanos cargan con calles mal iluminadas, colonias inseguras y un erario exprimido por un negocio que no se apaga.