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Rihani hace agua en Progreso: el alcalde del PAN que nadie quiere reelegir

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Erick Rihani González llegó a la alcaldía de Progreso después de meses de berrinche político, juicios y manotazos en tribunales, vendiéndose como “la opción seria” para el puerto más importante de Yucatán después de Mérida. Hoy, a la mitad del camino, los números lo aterrizan: cerca del 64% de la población desaprueba su gobierno, según Massive Caller, y más de la mitad de los ciudadanos no volvería a darle el voto en 2027. Lejos de consolidarse como figura fuerte del PAN, Rihani se ha convertido en un problema para su propio partido: un alcalde rebasado por el deterioro de las calles, la inseguridad creciente y un ayuntamiento que navega sin rumbo claro en un municipio clave para la economía estatal.

Lo que en 2024 pintaba como “victoria” en tribunales tras haber perdido en las urnas frente a Raúl Alvarado, hoy se ve como un costo político altísimo: un gobierno pasivo, sin resultados visibles y con un alcalde al que muchos en Progreso ya ven como figurín de foto y no como autoridad capaz. Mientras el PAN intenta mantener el control del puerto, la mala evaluación de Rihani abre una ventana real para que Morena y otras fuerzas políticas entren con fuerza en el próximo proceso electoral. En un municipio estratégico para el turismo, la logística y la inversión, tener a un presidente municipal desacreditado y sin operación política efectiva no solo es un lujo que Progreso no se puede permitir, también es una señal de agotamiento del proyecto blanquiazul en la costa yucateca.

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