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Mérida en llamas: El “año del orden” que nunca llegó

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En Mérida, el incendio en Dzununcán no es un hecho aislado, es el síntoma de una ciudad que se está saliendo de control. Mientras la administración de Cecilia Patrón Laviada presume el llamado “año del orden”, en el territorio la realidad es otra: quema clandestina, riesgos visibles y actividades peligrosas ocurriendo a plena vista. Lo que debería ser prevención se ha convertido en reacción tardía, dejando claro que el discurso no alcanza para contener lo que ya se desborda.

El caso exhibe una verdad incómoda: donde hay fuego abierto, no hay control. La quema de cables no es invisible ni espontánea; requiere tiempo, espacio y ocurre bajo una permisividad evidente. Dzununcán solo es la muestra de un problema más amplio que se repite en distintas zonas de la ciudad, donde la falta de vigilancia y la ausencia de intervención han normalizado prácticas de alto riesgo. El problema no fue el incendio, fue todo lo que se permitió antes de que ocurriera.

Hoy, Mérida enfrenta un desgaste que ya no se puede ocultar. Lo que se prometió como orden se percibe como descontrol, y lo que debía ser prevención terminó en omisión. Para muchos ciudadanos, la frustración crece ante una administración que no logra anticiparse a los problemas y que reacciona cuando ya es demasiado tarde. Porque cuando el territorio habla, el discurso queda en evidencia.