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El PRI se desangra y Alito sigue agarrado del cargo: La militancia cae, las renuncias crecen y la oposición se vacía

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El PRI llegó a 2026 con una señal imposible de maquillar: su padrón nacional quedó en 844,169 personas afiliadas, según el corte del INE, muy lejos del tamaño que alguna vez presumió como maquinaria electoral. La caída coincide con una etapa en la que Alejandro Moreno consolidó su control interno tras la reforma estatutaria que abrió la puerta a su reelección como dirigente nacional. El mensaje político es duro: mientras el partido se achica, la cúpula se aferra.

En Yucatán, la salida de Hiselle Díaz del Castillo, exalcaldesa de Conkal, se leyó como otro síntoma de desgaste y no como un caso aislado. La renuncia ocurrió en plena antesala del proceso de 2027, justo cuando los partidos empiezan a mover fichas y medir fuerzas. El problema para el PRI no es solo perder cuadros; es lo que proyecta cada salida: una estructura que ya no retiene ya no entusiasma y ya no ofrece rumbo claro ni siquiera a su propia gente.

El vacío opositor está dejando una pista libre que Morena aprovecha a toda velocidad. El propio debate nacional ya gira alrededor de su meta de 12 millones de afiliaciones, cifra que, de validarse, lo pondría en una dimensión inédita dentro del sistema de partidos mexicano. El PAN sigue atrapado en sus pleitos, Movimiento Ciudadano vende novedad con figuras recicladas y el PRI se encoge bajo una dirigencia cada vez más cuestionada. Hoy, enfrente del poder, lo que hay es desorden, fragmentación y un hueco que alguien más ya empezó a ocupar.