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Mérida se vende por franquicias: Crecen los gigantes, aprientan al pequeño y la ciudad paga la cuenta

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Mientras las franquicias aterrizan en cadena y los grandes capitales siguen ganando terreno en Mérida, el comerciante local carga otra historia: trámites pesados, requisitos interminables y oficinas donde todo se vuelve lento. En los últimos meses se han multiplicado aperturas y expansiones de marcas como Tim Hortons, Starbucks, Wendy’s, Dunkin, Dairy Queen, Fresko y otras firmas que ya encontraron espacio en la ciudad. El mapa deja una lectura incómoda: al inversionista fuerte le abren camino rápido; al emprendedor de aquí le ponen piedras, vueltas y desgaste. La ciudad crece, sí, pero el crecimiento está cayendo del lado de los mismos de siempre.

Lo grave es el doble trato que denuncian muchos ciudadanos: para unos, la puerta gira sola; para otros, el permiso parece castigo. Quien quiere levantar una cafetería, una panadería, un pequeño comercio o un negocio familiar se topa con filtros, tiempos muertos y exigencias que exprimen dinero, paciencia y oportunidad. En cambio, las grandes cadenas aparecen cada vez con más fuerza en zonas estratégicas, sobre todo al norte, donde también se concentra la presión inmobiliaria, la especulación y la gentrificación que empuja a la ciudad a un modelo cada vez más excluyente.

La cúpula panista presume inversión, desarrollo y modernidad, pero en la calle lo que se siente es otra cosa: una Mérida diseñada para la foto, para la marca y para el capital que llega con músculo, mientras al comerciante local lo hacen pelear por sobrevivir. Se ve en qué zonas crecen los negocios grandes, en quién obtiene velocidad y en quién se queda atorado. La humillación para el pequeño emprendedor empieza justo ahí, en un sistema que parece pedir reverencia al poderoso y dureza al ciudadano común. Y luego todavía quieren venderlo como progreso.