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El cuento de hadas millonario de Ivonne Ortega en Yucatán

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Si hay una historia de “éxito” en Yucatán que compita con cualquier telenovela barata, es la de Ivonne Ortega. La niña que, según el relato romántico, creció entre cochinos terminó sentada en la silla grande de Palacio de Gobierno… y desde ahí dejó de jugar en el lodo para empezar a jugar con hectáreas, tablajes y millones. Su apellido y la estructura priista la empujaron a la cumbre, pero el verdadero “milagro” llegó después: mientras el estado se endeudaba por casi 2 mil millones, ella iba armando un imperio inmobiliario en Dzemul y Mérida que hoy se calcula en más de 3,500 millones de pesos.

El pueblo vio la parte bonita del show: la exgobernadora que se “transformó” al puro estilo Disney, operaciones, glamour, reflectores, conciertos en Chichén y fotos por todos lados. Lo que casi nadie vio fue el caminito de tierra que iba dejando atrás: hospitales vacíos, obras inconclusas, deuda pública reventada y predios a precio de ganga que, mágicamente, terminaban bajo su nombre. Mientras el hospital de Tekax era un cascarón y el sur del estado seguía esperando servicios, en el Registro Público aparecían tablajes, solares, casas en Altabrisa y México Norte, todos con valores ridículos en papel… pero con plusvalías de locura en la vida real.

Hoy, Ivonne se vende como “voz ciudadana” desde Movimiento Ciudadano, habla de transparencia y democracia, mientras sus propiedades cuentan otra historia: la de una política que salió de Palacio mucho más rica que como entró, con predios blindados, embargos levantados y una carrera hecha a punta de deuda ajena y tierra propia. En Yucatán, muchos todavía resienten el saqueo de su sexenio y la ven como la precursora del modelo que hoy replican otras: mucho show, redes sociales, sonrisas… y debajo, el mismo guion de siempre: primero el bolsillo, luego el pueblo.