Mérida se inunda y el negocio sigue flotando
Cada temporada de lluvias repite la misma historia: calles convertidas en ríos, colonias bajo el agua y ciudadanos pagando las consecuencias de décadas de improvisación. Los gobiernos panistas han administrado Mérida por años y, lejos de resolver el problema de fondo, han optado por medidas temporales que les permiten anunciar obras, justificar presupuestos y multiplicar contratos.
Hoy la administración de Cecilia Patrón Laviada presume brigadas, operativos emergentes y la construcción de 120 pozos como si fueran la gran solución. Sin embargo, estas acciones evidencian justamente lo contrario: que nunca existió una estrategia seria de planeación urbana para prevenir las inundaciones.
La lluvia puede ser intensa, pero el verdadero problema es una ciudad que creció sin la infraestructura necesaria para enfrentar su propia realidad climática. Mientras se limpia una rejilla para la foto y se anuncia otro pozo para el boletín, las familias siguen perdiendo patrimonio cada vez que cae un aguacero.
Los pozos responden a la emergencia, pero no corrigen décadas de rezago. La pregunta es inevitable: si cada año se gasta más dinero en atender el mismo problema, ¿por qué las inundaciones continúan? La respuesta parece clara: resulta más rentable administrar la crisis que resolverla. Y mientras el negocio de las soluciones temporales siga funcionando, Mérida seguirá hundiéndose bajo el agua y bajo el peso de la falta de visión de sus gobiernos.


