Acanceh se ahoga en clandestinos y la autoridad voltea a otro lado
En Acanceh, vecinos y comerciantes denuncian que la venta clandestina de bebidas opera desde hace años con una tranquilidad que solo puede explicarse por la permisividad de la autoridad. Los puntos señalados son conocidos por el movimiento de personas durante la madrugada, justo en horarios donde la venta de alcohol está prohibida. La queja es directa, mientras unos cumplen, otros venden a sobreprecio y siguen abiertos como si nada.
Comerciantes establecidos aseguran que elementos de la Policía Municipal Coordinada han sido vistos entrando y saliendo de predios donde, según la versión vecinal, se mueve el clandestinaje. Esa imagen alimenta una percepción cada vez más pesada en la calle, el problema no se mantiene vivo por descuido, sino porque habría manos oficiales dejando pasar lo que conviene. Ahí es donde la administración de Guadalupe Zapata González queda bajo presión, porque el señalamiento habla de una autoridad rebasada o, peor todavía, cómoda frente a una práctica que castiga al que trabaja en regla y premia al que se brinca la ley.
El fondo del reclamo también retrata el cansancio social con los viejos gobiernos de siempre, esos que prometieron orden, cercanía y resultados, pero terminaron entregando más de lo mismo, simulación, beneficios para unos cuantos y abandono para el resto. En Acanceh, la gente quiere operativos reales, clausuras visibles y una explicación seria sobre por qué los clandestinos siguen respirando tranquilos mientras el comercio formal carga solo con todo el peso de la ley.


