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Semáforo verde… Para talar: Mérida se queda sin sombra y el Ayuntamiento se lava las manos

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El Ayuntamiento vende “protección del arbolado” como si fuera blindaje ambiental, pero en la práctica el verde trae cláusula escondida: prohibido talar… excepto si te autorizan. Y adivina quién autoriza. Así, la ciudad escucha discursos de sostenibilidad mientras en la salida a Progreso y zonas en expansión el monte cae, el suelo se despeja y Mérida se vuelve plancha: menos árboles, más concreto, más calor. El resultado se siente en la piel, no en los boletines.

En redes el reclamo ya tiene nombre: “el verde con letras chiquitas”. Porque cuando la “protección” depende de permisos discrecionales, el árbol vale hasta que estorba un desarrollo. Fuentes oficiales presumen plantaciones y entregas de arbolitos, pero activistas y reportes independientes empujan lo que sí pesa: criterios duros, transparencia en dictámenes, reforestación proporcional y verificable en el mismo sitio. Si no hay monitoreo independiente, el “Mérida Verde” se queda en slogan… y la deforestación sigue con sello.

Y para rematar el contraste, la ciudad ve cómo se mueven casi 91 millones para un solo evento (Carnaval 2026) mientras la agenda ambiental y el mantenimiento urbano se vuelven secundario. La pregunta se cae sola: ¿Qué pesa más, la sombra que le quitan a Mérida o el aplauso que buscan? Porque a estas alturas, el patrón ya lo conoce la gente: primero el show, luego el trámite… y el monte que se aguante.