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Política yucateca: El poder en manos de dinastías

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Mérida, Yucatán.— En Yucatán se repite un patrón viejo: el poder circula dentro del mismo círculo de apellidos, alianzas y familias con capital social, mientras la ciudadanía observa cómo las decisiones públicas parecen responder más a redes de influencia que a necesidades reales. La alcaldía, que debería ser el centro operativo de la ciudad, se ha convertido para muchos en un trampolín: visibilidad, control del mensaje y estructura territorial, con el siguiente proceso electoral siempre en el horizonte.

Ese modelo tiene antecedentes claros en la historia local: desde la era de Víctor Cervera Pacheco y el peso de su grupo político, hasta el ascenso de figuras que se beneficiaron del mismo ecosistema de apellido, padrinazgos y operación interna. En esa lectura aparece Ivonne Ortega, cuya proyección creció en un contexto de estructura y respaldo, y también el panismo que consolidó su propio circuito: Patricio Patrón como parte de una generación de cuadros que marcaron época, y después el ciclo de alcaldías donde Mérida funcionó como plataforma de carrera, con Renán Barrera y Mauricio Vila como referentes del uso del gobierno municipal y estatal para construir proyección.

Hoy, con más de tres décadas de control panista en Mérida, el debate de fondo ya ni siquiera es de nombres: es de modelo. Cuando la política se organiza como “casa dinástica” y la administración se mezcla con promoción personal, la ciudad queda en segundo plano y la rendición de cuentas se vuelve opcional. En una ciudad donde el bacheo, los servicios y las dudas sobre contratos siguen siendo conversación diaria, la pregunta es directa: ¿Cuánto más va a durar un sistema donde el poder se hereda, se reparte y se protege, mientras a la gente le piden paciencia?