PMOTDUM “Al vapor”: El “orden” que podría salir carísimo para Mérida
En el papel, el Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano de Mérida (PMOTDUM) promete futuro, justicia territorial y sustentabilidad. En la calle, el ruido es otro: regidores de MORENA encendieron la alerta por un documento que, dicen, trae incongruencias, datos imprecisos y reglas flojas para frenar el crecimiento desordenado. El foco rojo se llama igual en todos lados: 48 mil viviendas deshabitadas y una ciudad que se sigue empujando hacia afuera, mientras la vivienda “posible” se vuelve un lujo para juventudes y familias trabajadoras.
Lo más delicado es el “cómo”. En la crítica pública se repite una palabra que mete miedo: “al vapor”. Señalan proyecciones que brincan de 1.3 a 1.7 millones rumbo a 2050 sin sustento técnico claro, y una expansión que sube hasta casi 18 mil hectáreas pese a la consulta ciudadana. También aparecen los famosos “derechos adquiridos”: autorizaciones cuestionadas por falta de transparencia que, advierten, podrían convertir el territorio en tablero de especulación. El riesgo se siente sencillo: si el programa queda con metas bonitas y sin candados reales, Mérida paga la factura con tráfico, periferias sin servicios y costo de vida disparado.
En el centro de la polémica está la administración de Cecilia Patrón Laviada y el discurso que se repite como sello: “orden”. La oposición acusa que ese “orden” termina sirviendo como paraguas político mientras el plan se aprueba y avanza a revisión estatal sin blindajes obligatorios para vivienda asequible, límites urbanos vinculantes y reducción real de vacíos urbanos. En otras palabras: una ciudad que crece para quien puede pagar, y una Mérida cada vez más difícil para quien nació aquí y vive al día. La sensación se agrava cuando la ciudadanía contrasta esa narrativa con símbolos de privilegio y una agenda que muchos leen con olor a 2027.
El golpe final sería silencioso y brutal: un “fracaso planeado” que normalice el modelo que ya lastimó la ciudad. Una Mérida más dispersa, más cara, más segregada y más frágil ambientalmente. Por eso la exigencia pública aprieta: si el PMOTDUM se vende como el gran plan del “orden”, que venga con reglas duras, transparencia total y obligaciones que se cumplan, no con cláusulas que abran puertas y luego pidan paciencia. Porque cuando el desarrollo se diseña para una élite, el resto termina pagando con tiempo, dinero, salud y futuro.


