Cargando ahora

PAN Yucatán: El club exclusivo que se está desmoronando desde adentro

608517227 122170443770756477 5968932762635686328 n

Desde hace más de 30 años el PAN en Yucatán funciona como un club exclusivo. Entran los mismos, mandan los mismos y deciden entre pocos. Con la llegada de Mauricio Vila Dosal al Palacio de Gobierno esa lógica se volvió rutina: lejanía con la gente, decisiones de escritorio y un séquito de come-cuando-hay bien acomodado. A su lado, Renán Barrera Concha ayudó a perfeccionar el modelo heredado de Patricio Patrón Laviada: candidaturas como premio, cargos para los cuates y un círculo donde el mérito estorba. La calle nunca fue prioridad; la lealtad sí.

La “renovación” se anunció, pero nunca llegó. En la asamblea estatal de 2025 se presumió cambio mientras el control siguió intacto. Procesos opacos, encuestas a modo y consensos que funcionan como candados. Jóvenes, mujeres y perfiles técnicos miran desde la banca cómo los cargos se reparten entre conocidos. En Mérida, el bastión histórico, la gestión de Cecilia Patrón Laviada arrastra señalamientos de abandono en colonias, servicios flojos y una agenda más enfocada en eventos que en territorio. Sus monos cilindreros presumen porcentajes y evitan revisar el fondo.

En 2025 el panismo yucateco quedó atrapado en su propio eco. La dirigencia estatal, con Álvaro Cetina Puerto y Ascencio Maldonado, prefirió la alarma permanente al trabajo territorial. Conferencias sin calle, denuncias sin seguimiento y discursos que no bajan a la vida diaria. Mientras tanto, alcaldías con presencia intermitente y comunidades que aprenden a arreglárselas solas. El deterioro no vino de un adversario: se gestó puertas adentro, con decisiones cerradas y cargos repartidos por afinidad a quienes comían del plato de croquetas que les aventaban. Cuando el partido gira sobre los mismos nombres, el desgaste deja de ser sorpresa y solo sobresalen aquellos que aplauden como focas entrenadas.