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PAN en llamas: El “Reino de la publicidad” que se sostiene de punta a pauta

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En el PAN hay pánico. Chihuahua y Mérida están mostrando el mismo reflejo en donde el desgaste se hace demasiado evidente. En el norte, Maru Campos carga el lastre de señalamientos que la conectan con la era Duarte y la discusión pública se llena de “orden” en formato spot. En el sureste, Cecilia Patrón opera la versión “selfie institucional”, luces, slogans y una administración convertida en campaña permanente.

Se habla de presupuestos enormes para comunicación social, convenios, difusión y una maquinaria que no descansa porque sabe que una plaza sitiada no se defiende con resultados, se defiende con narrativa. La pauta suaviza críticas, estira silencios, acomoda titulares, y le da oxígeno a estructuras que llevan años gobernando como si el cargo fuera propiedad en renta.

En Chihuahua la discusión revive cada vez que aparecen auditorías, crisis o liberaciones polémicas en el entorno Duartista: la pregunta siempre cae sobre lo mismo, quién protege a quién. En Mérida el desgaste es corrosivo: la sensación de dinastía, de grupo cerrado, de apellido que pesa más que la explicación pública. La “paz yucateca” se usa como barniz mientras la periferia insiste en servicios, obras bien hechas y cuentas claras.

El PAN actúa como si perder la plaza significara perderlo todo… implica soltar redes, presupuestos, control territorial y control del micrófono. Y cuando un gobierno necesita tanta propaganda y fotos para convencer, el mensaje es claro, la confianza se ha quedado en el basurero.