Palacio Fantasma en Yaxcabá: El Disneyland maya abandonado
Yaxcabá carga desde hace años con un cascarón de concreto que se vendió como “orgullo cultural” y terminó como símbolo de abandono. El llamado Palacio de la Civilización Maya se anunció en el sexenio de Ivonne Ortega Pacheco (2007–2012) como un megaproyecto turístico, con museos, salas, áreas ceremoniales y hasta planetario. Hoy lo que existe es una estructura comida por la maleza, rodeada de silencio institucional y promesas rotas.
Los números no son cuento: en el debate público se ha sostenido que el proyecto recibió inversión millonaria (se mencionan montos superiores a 90 millones y también más de 140 millones de pesos, según distintos reportes y reconstrucciones). En ese mismo contexto, se afirma que la Auditoría Superior de la Federación habría detectado al menos 13 irregularidades en recursos federales destinados a la obra. A pesar de ese nivel de señalamiento, el “palacio” nunca se terminó y nunca generó el desarrollo prometido.

La parte más cruel es la geografía social: Yaxcabá es un municipio con carencias históricas, al que le ofrecieron turismo, empleos y derrama. A la gente le dejaron un terreno enorme con estacionamiento y estructuras a medias, sin operación, sin mantenimiento, sin seguridad y con riesgos reales para quien se acerque. El proyecto que iba a “poner a la región en el mapa” acabó funcionando como recordatorio de lo fácil que resulta anunciar, gastar y desaparecer.
El problema ya rebasó la nostalgia de una obra fallida: aquí el tema es rendición de cuentas. ¿Quién autorizó, quién administró, quién supervisó, quién firmó el cierre y quién explicó el destino del dinero? En Yucatán se habla mucho de legado, pero en Yaxcabá el legado se mide en ruina. Y mientras no haya responsables ni claridad documental, este “palacio” seguirá siendo lo mismo: un monumento al uso político del presupuesto.


