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Multa a unos, silencio para otros

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La Unidad de Protección Animal (UPA) del Ayuntamiento de Mérida impuso una multa de 90 mil 500 pesos al responsable de abandonar a ocho lomitos en una vivienda de Sol Caucel. Gracias a denuncias ciudadanas, los animales fueron rescatados y hoy reciben atención en el Centro Municipal de Atención Animal (CEMAA), donde se recuperan a la espera de adopción responsable. Una acción correcta, sí… pero profundamente hipócrita cuando se mira el panorama completo del maltrato animal en la ciudad.

Mientras la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada presume sensibilidad y “trabajo incansable” en defensa de los animales, el silencio se vuelve ensordecedor ante otra realidad que se arrastra sobre el pavimento del Centro Histórico: los caballos de las calesas turísticas, que siguen bajo el sol y el estrés, a pesar de las promesas incumplidas de sustituirlos por unidades eléctricas. Las calesas nuevas, símbolo del supuesto “cambio”, permanecen abandonadas, cubiertas de polvo y olvido, mientras los animales continúan siendo explotados ante la vista y paciencia de todos.

El Ayuntamiento aplica sanciones ejemplares donde la foto vende, pero donde hay intereses turísticos y económicos, se impone la vista gorda. Lo que debería ser una política de bienestar animal integral se ha convertido en un escaparate de simulación mediática, donde los “croqueteros” oficiales aplauden cualquier acción menor y callan los abusos mayores. La administración de Cecilia Patrón, entre selfies y discursos vacíos, demuestra una vez más su falta de rumbo y coherencia. En Mérida, los perros encontraron voz… pero los caballos siguen esperando justicia.