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La Instrumentalización del 8M en Mérida: Gestos vs. Realidad

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En vísperas del 8M, la alcaldesa anuncio no vallar edificios públicos durante la marcha, usando “Llegó Cecilia, llegamos todas” para evocar sororidad. Críticas la acusan de burlarse del privilegio: creció entre apellidos pesados, sin conocer el doble turno ni la violencia por falta de opciones. El 8M, fecha de denuncia estructural, se ve como plataforma de campaña en vez de exigencia real.

Denuncias internas en el Ayuntamiento exponen acoso y humillaciones a empleadas, silenciadas con amenazas como “si no te callas, te vas”. Una crítica viral dice: “No, no llegamos todas, y las que llegaron no merecen haberlo hecho. Llegaron las ineptas, las corruptas, las cínicas y llegó también Edgar Martín Ramírez Pech, Ernesto Dzib Áviles, Carlos Arjona, José Alfredo Pan Ventura y Espinoza Atoche, todos señalados por violencia, tocamientos y humillaciones a mujeres del ayuntamiento, que solapa, defiende y protege. Pero lo bueno es que hay paridad de género, ¿verdad?”.

La frase “Llegamos todas”, es usada por Patrón para captar votos bajo sororidad fingida. Mientras, mujeres de la calle sufren realidades ajenas al palacio y su “cuna de oro”. Empleadas municipales llegan silenciadas ante opresores machistas que la alcaldesa conoce y calla por conveniencia. “No vallar no es rendir cuentas” ni “la sensibilidad simbólica sustituye la transformación real”.