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Guerra sucia, predial y operadores: La maquinaria del PAN que busca manipular a Yucatán

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En Yucatán se libra una guerra sucia digital surge de los sueños húmedos de la cúpula panista. En las últimas semanas, ataques coordinados contra el gobernador se han intensificado desde Mérida, replicando narrativas, tiempos y formatos que delatan operación y pauta para sus medios croqueteros come cuando hay. El señalamiento ya no se limita al análisis mediático: las diputadas de Morena, Naomi Peniche, Clara Rosales y Estefanía Baeza, han hecho el señalamiento público, advirtiendo que no se trata de crítica ciudadana espontánea, sino de una estrategia organizada para manipular la percepción social lo que se percibió como un periodicazo en el hocico bien dado a los panistas. La pregunta es directa: ¿quién paga estos ataques y las croquetas, con qué recursos y desde dónde se coordinan?

Los nombres que aparecen en este entramado no son nuevos. En el centro del señalamiento público surgen Whysers Posicionamiento Digital, S.A. de C.V., representada por Ana Celia Casaopriego Padrón, empresa beneficiada con contratos millonarios de posicionamiento digital durante el sexenio de Mauricio Vila Dosal; Sebastián Aguilar Flaschka, exasesor en comunicación política del vilismo con historial en campañas de desgaste y cortinas de humo; y Ramón Valdés Elizondo, incorporado al ruido mediático. Tras el cierre de contratos estatales, la red no desapareció: mutó. Hoy, cuentas y portales que antes promovían al PAN difunden ataques sistemáticos al gobierno estatal, dejando ver que todo lo recaudado por el ayuntamiento está sirviendo para comprar croquetas para sus monos cilindreros por ordenes de Cecilia Patrón, pues sabe que sus focas amaestradas dejan de comer de su mano, el futuro del pan estaría perdido.

Mientras la maquinaria digital intenta fabricar percepción, los rezagos cotidianos siguen ahí: baches, parques abandonados, calles deterioradas y servicios que no mejoran, pero si apestan a lixiviados. Por eso, Naomi, Clara y Estefanía, han insistido en que el debate no es partidista, sino de uso de recursos públicos, transparencia y rendición de cuentas. El PAN, sin narrativa ni resultados que defender, recurre al circo, la maroma y el teatro para simular empatía y frenar una ola guinda que avanza con trabajo territorial. La ciudadanía merece claridad: contratos abiertos, auditorías independientes y explicación puntual del destino del predial. Porque si la las croquetas de sus focas entrenadas se financian con dinero público, no es oposición: es abuso. Y si esta apuesta falla, el panismo quedará exhibido como lo que hoy parece: payasos fracasados.