Erik Rihani, crónica de un fracaso anunciado en Progreso
2025 le está pasando por encima al PAN, y en Progreso el símbolo del derrumbe azul tiene nombre y apellido: Erik Rihani González. Llegó a la alcaldía después de una elección peleada, vendiéndose como “rostro nuevo” y “esperanza del puerto”, pero en apenas año y pico se convirtió en el personaje que la mayoría no quiere volver a ver en la boleta. La encuesta de Massive Caller es brutal: 64.9% de los progreseños no votaría por él en 2027, mientras Morena ya encabeza las preferencias rumbito a la próxima elección. El castillo de arena panista se está desmoronando en la orilla.
En la calle el veredicto es más duro que cualquier encuesta: basura acumulada, colonias olvidadas, playas convertidas en tiraderos, robos constantes y una policía municipal señalada por abuso, prepotencia y hasta amenazas de muerte contra una familia. Mientras los tráilers se comen el puerto y la gente revienta de hartazgo, el alcalde parece gobernar desde la sombra: ni da la cara, ni resuelve, ni pone orden. El “principito” del puerto pasó de prometer seguridad y limpieza a encabezar un gobierno percibido como ausente, gris y reprobado.
El problema ya no es solo Rihani: es el PAN completo hundiéndose con él. El partido que se sentía intocable en la costa hoy enfrenta su peor momento de imagen, sin proyecto, sin resultados y sin narrativa creíble frente a un Morena que crece al ritmo del hartazgo ciudadano. Progreso manda un mensaje claro: el puerto quiere cambio real, no alcaldes de TikTok ni figuras que se esconden cuando la cosa se pone fea. Si 2024 fue el aviso, 2025 está siendo la sentencia política adelantada de Erik Rihani.


