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Encuestas a modo y aplauso programado: Mérida ya huele a 2027

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En Mérida no hay destape, pero huele a campaña desde hace meses. Rankings repetidos, encuestas “milagro” y testimonios editados a conveniencia se usan como gasolina para mantener a Cecilia Patrón en escena permanente. La ciudad real queda fuera del encuadre: el bache no sale en la foto, el trámite lento no cabe en el reel y el cobro inesperado no suma likes. La narrativa avanza, la calle no.

La estrategia es vieja y cínica: convertir la encuesta en sentencia y el testimonio en sustituto de resultados. Se exhiben porcentajes sin contexto, liderazgos sin ficha técnica y “aprobaciones” sin auditoría pública. ¿Dónde están los contratos, los montos, los objetivos? La opacidad se disfraza de popularidad. Cuando la propaganda ocupa el lugar de la rendición de cuentas, la democracia se vuelve utilería y el aplauso, un ruido comprado.

Mientras tanto, Mérida arrastra lo que el panismo dejó y no quiere resolver: servicios rebasados, gentrificación sin freno, colonias olvidadas y una ciudad administrada para el reflector. Festivales, selfies y encuestas no tapan el abandono ni curan la desconfianza. Si esto es el arranque rumbo a 2027, el mensaje es claro: primero la imagen, después —si sobra tiempo— la ciudad. Y Mérida ya está cansada de ser fondo de pantalla.