El PAN se escuda y la duda crece
El panismo salió a chillar donde debía salir a explicar. Frente a un señalamiento puntual —dinero público, comunicación paralela y operadores— optaron por el viejo truco: gritar persecución, victimizarse y aventar discursos huecos. Nada de contratos, facturas, nombres ni montos, solo saliva y guion mal leído. Y cuando un gobierno municipal responde con rabia y espuma en la boca pero sin papeles, lo que deja es mucha sospecha.
Esta vez no fueron “portalitos” ni ruido de redes. Naomi Peniche, Clara Rosales y Estefanía Baeza hablaron con los pelos de la burra en la mano, con método y sin miedo. Eso fue lo que les dolió a los panistas que hoy se sientan a contemplar su fracaso. Porque cuando alguien llega con datos y calma, el teatro se cae y no hay croquetas que lo respalden. El PAN intentó cambiar la conversación, empujarla a terrenos ajenos, lanzar a una vocera de la tercera edad bastante frágil al frente a hablar como merolico y sin rumbo. El problema es que la cucharada fue de su propia medicina… y no les gustó el sabor.
Hoy la ciudad no compra la realidad maquillada que quieren vender desde el poder municipal. Las diputadas se volvieron incómodas porque hicieron lo que no se esperaba, exhibir el vacío y el desorden de un ayuntamiento sin rumbo fijo. Porque en política, cuando no puedes probar cómo gastas el dinero de la gente, estás huyendo a pesar de que hoy la maquinaria croquetera esta activada, el discurso ya no tiene relevancia alguna.


