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El PAN en Mérida: Desfile de payasos y el dedazo ya puesto

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Si esto fuera circo, el PAN ya tendría carpa fija en Mérida. Mucho nombre, mucha pose y cero proyecto. Tras más de 30 años mamando del presupuesto, hoy se miran al espejo y no encuentran candidato que no huela a fracaso. Hablan de “competencia interna”, pero lo único que compiten es por ver quién aplaude más fuerte mientras la decisión ya viene sellada desde la cúpula. El partido presume músculo y lo único que enseña es cansancio.

El elenco da risa ajena: Cecilia Patrón Laviada paseándose como reina absoluta; Álvaro Cetina, Elías Lixa, Isabel Rodríguez y Arturo León haciendo fila para la foto, sabiendo que no van a llegar a ningún lado por que no pertenecen a la cupula. Son la comparsa perfecta: levantan la mano, sonríen para la militancia y luego se acomodan debajo del zapato de la jefa.

Lo grotesco es la simulación. Mientras venden “renovación”, el método es el de siempre: dedazo, bots, propaganda y aplauso obligatorio. La reelección se cocina como trámite y el resto sirve para justificar gastos, giras inútiles y una falsa pluralidad que no engaña a nadie. El PAN cambió de slogan, no de vicios. Se reparten elogios, se dan codazos en privado y sostienen una cloaca política donde todos quieren meter la mano y nadie quiere limpiar.

Mérida ya no es terreno cómodo y aun así insisten en el mismo show. El resultado es un partido que perdió el piso y la vergüenza: payasos con corbata, sonrisas de cartón y un final anunciado. Si esto es lo mejor que tienen para 2027, no es estrategia: es rendición maquillada.