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Del “cuna de oro” al silencio: La marca Cecilia y el blindaje que huele a impunidad

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En Mérida hay una historia que se intenta vender con filtro: que Cecilia Patrón Laviada “nació en cuna de oro” y por eso sería “honesta” por default. Ese argumento lo empujan cuentas afines como si la biografía fuera auditoría. El problema es que el poder no se acredita por origen, se prueba con expedientes, contratos, respuestas y consecuencias… y ahí es donde el gobierno municipal empieza a patinar.

Mientras el Ayuntamiento arma campañas con estética de “cercanía”, la conversación pública se llena de preguntas incómodas: ¿qué pasa con las observaciones de auditoría, con los señalamientos internos, con las áreas donde el servicio se cae y lo único que sube es la propaganda? En el caso de Servilimpia, la ASEY trae un informe individual con un posible daño o perjuicio al erario por $13,396,116.08 en la Cuenta Pública 2024. Y aun así, lo que se escucha afuera es más marketing que explicación.

Y cuando el discurso intenta tapar grietas, la misma estructura se traiciona: en el 8M, la administración empujó agenda institucional y gestos simbólicos; luego, desde dentro, una funcionaria directiva terminó exhibiendo el verdadero clima: Yaneth Francisca Laucín Ávila, subdirectora de Promoción Social, fue señalada por comentar en Facebook que las manifestantes eran “vándalas” y que “seguro están drogadas”. Ese golpe no vino de la oposición: vino desde adentro del propio aparato que presume “empatía”.

El riesgo crece cuando el gobierno se siente propiedad de grupo: reportes periodísticos ubican a Cecilia Patrón como hermana de Patricio Patrón Laviada, reforzando la lectura de continuidad de élites en el panismo local. En ese contexto, lo de “cuna de oro” suena menos a virtud y más a coartada.