Del cuento de hadas al olor a corrupción: Ivonne Ortega y el legado que Yucatán no olvida
Mérida, Yucatán.— De ser la sobrina incómoda del priismo yucateco, Ivonne Ortega Pacheco logró cumplir su propio cuento de hadas político hasta sentarse en la silla grande del Gobierno del Estado. Su ascenso fue meteórico: alcaldesa, diputada, senadora y finalmente gobernadora. Sin embargo, su paso por el poder dejó una estela de señalamientos por deuda pública, obras inconclusas y presuntos desvíos millonarios que marcaron una etapa que muchos yucatecos recuerdan como el momento en que la grandeza del estado comenzó a diluirse bajo el peso de la corrupción y el despilfarro.
Durante su administración (2007-2012), Yucatán acumuló deuda histórica y proyectos cuestionados como el Gran Museo del Mundo Maya, cuyo costo se disparó de manera escandalosa. Las acusaciones por manejo irregular de recursos en el ISSTEY, contratos inflados y presunto nepotismo no se tradujeron en consecuencias judiciales, pero sí en una percepción pública que hasta hoy persiste. Años después, la ex priista reapareció vestida de naranja en Movimiento Ciudadano, donde continúa ocupando espacios plurinominales mientras el estado aún carga las heridas financieras de su gestión.
Hoy, Ivonne Ortega no solo regresa al escenario político con discursos reciclados, sino que busca pintar a Yucatán de naranja, mientras voces críticas señalan que se intenta replicar la misma fórmula que la llevó al poder. La preocupación crece ante la posibilidad de repetir esquemas que dejaron cicatrices económicas profundas. Para muchos, Yucatán aún no termina de recuperarse de aquella etapa, y el temor es claro: que el pasado regrese con distinto color, pero con el mismo olor.


