Crímenes silenciados: “Suma una pata” es puro show y los callejeros siguen muriendo
En Mérida, mientras Cecilia Patrón presume sensibilidad y declara que “se preocupa por quienes no tienen voz”, la realidad callejera ladra otra cosa: el abandono no se combate con campañas fotogénicas. “Suma Una Pata” nació como plataforma de ternura institucional, pero en los hechos es asistencialismo sin estructura, maquillaje para un sistema que sigue dejando a miles de animales fuera de la protección real. Lo que no dicen en los videos de la alcaldesa es que los callejeros enfrentan envenenamientos impunes, denuncias que no avanzan y un marco legal sin dientes: la Ley Rufo sigue archivada y los protocolos de maltrato son una carrera burocrática que casi nunca concluye en justicia. La UPA sigue sin trazabilidad, sin padrón y sin control. La calle sigue sola.
Las organizaciones llevan años advirtiendo lo mismo: hay maltrato, hay negligencia y hay abandono, pero no hay sanciones. En Mérida, mientras se reparten aretitos, fotos y campañas, los casos de intoxicaciones masivas en colonias como Vergel y San José Tecoh siguen sin responsables; los reportes ciudadanos se pierden entre llamadas; y la Policía Ambiental —la misma que se vuelve viral peleándose con vecinos— no logra detener agresores, pero sí ignorar denuncias urgentes. La narrativa oficial celebra esterilizaciones, pero evita la conversación incómoda: ¿qué pasa después? Sin regulación al mascotismo, sin control al comercio de animales, sin seguimiento, sin transparencia… la rueda del abandono sigue girando.
El problema es de fondo: mientras el Ayuntamiento se cuelga medallas mediáticas, la fauna urbana paga la factura. No hay claridad sobre protocolos, destinos ni sobrevivencia de los animales recogidos. Activistas denuncian opacidad, tiempos inciertos y prácticas que necesitan supervisión externa urgente. En una ciudad que presume modernidad, el bienestar animal sigue dependiendo más del esfuerzo ciudadano que de la autoridad. Y mientras no haya ley vigente, sanciones firmes y una política pública con presupuesto real, “Suma Una Pata” seguirá siendo lo que es hoy: otra campaña bonita para redes, pero sin tocar la raíz del abandono.


