Cargando ahora

Casas encuestadoras le dan atole con el dedo a Tía Ceci

618505153 122173743692756477 5937947937008748884 n

En medio de protestas, cierres de espacios comunitarios y reclamos que se pasan por donde no les da el sol, apareció un ranking que intenta vender una historia cómoda difundida por monos cilindreros que comen de la mano del panismo “Mérida gobernada desde la excelencia”. El dato cayó como guion bien ensayado, sin contexto nacional comparable y sin explicar cómo se llegó a ese número mágico. No hubo preguntas incómodas, solo focas entrenadas para apaludir. En comunicación política, cuando el dato aparece sin sustento visible, busca calmar nervios de contendientes asustados.

Durante tres décadas de gobiernos panistas, la encuesta se volvió un recurso de utilería, llega cuando el ambiente se enrarece y se guarda cuando la calle habla sola. Pasó con Renán, pasó conVila y hoy reaparece con Ceci. Las casas encuestadoras saben que estos meses son temporada alta: políticos apurados, reputaciones por el suelo y la tentación de comprar una foto bonita. Ahí pesan los antecedentes de casas encuestadoras famosas por levantar triunfos que luego se derrumbaron en urnas y conteos oficiales, dejando memes, disculpas públicas y silencio incómodo.

Mientras el ranking intenta imponer clima festivo, la ciudad vive otra película: CDIs cerrados, servicios cuestionados y una narrativa oficial que no alcanza a cubrir el sonido del descontento. Cuando la cifra no coincide con la experiencia diaria, el número se vuelve sospechoso por sí solo. Un ranking sin transparencia fabrica anestesia. Puede inflar momentáneamente la autoestima de un partido en decadencia, pero no detiene el desgaste. Porque la percepción se puede maquillar con el apoyo de payasos croqueteros dispuesto a lamer y besar la mano que les da el plato de comida.