Cadáveres en descomposición al relleno: AyuntaMérida se rie del pueblo
La escena en Cabildo fue clara: tras meses de solicitudes y oficios, Edgar Ramírez Pech terminó admitiendo que los animales mu3rt0s recogidos en la vía pública —muchos ya en d3scomp0sición— se están yendo al relleno sanitario. La presión vino desde la bancada morenista y, cada vez que Adrián Gorocica Rojas toma el micrófono, a la alcaldesa se le nota el coraje: se le ve la espuma en el gesto y prefiere levantarse antes de que el debate la deje peor parada, como si el cierre se le viniera encima con todo.
AYUNTAMÉRIDA intenta blindarse con una frase cómoda: “lo permite la NOM-083-SEMARNAT-2003”. Sí, permite disposición de orgánicos si se cumplen controles estrictos, pero el problema no es el “se puede”, sino cómo lo están haciendo y qué tanto están metiendo. Un relleno fue diseñado para residuos sólidos urbanos; convertirlo en destino frecuente de residuos biológicos putrescibles eleva el riesgo: más descomposición, más líquidos, más patógenos, más vectores… y en Mérida, con calor y humedad, todo se acelera.
Lo grave es que AYUNTAMÉRIDA no ha puesto sobre la mesa lo básico: flujo diario real, celda específica, protocolo sanitario, monitoreo, estudios y trazabilidad. Y cuando aparecen números, el escándalo crece: en Cabildo se expuso que en 2024 se pagó $9,013,783 por incineración (promedio mensual $751,149) con un volumen reportado de 26,589 animales; en 2025 bajó a $5,780,670 (mensual $481,722) con 17,411; y para enero–abril de 2026 se habló de $392,640 con 1,158 animales en ese periodo. La caída es tan brutal que solo caben dos escenarios, o es claro que ocurrió un “milagro” y desaparecieron los animales mu3rt0s, o alguien infló cifras y contratos.


