Aprende con puertas cerradas: El Ayuntamiento cambia el letrero y deja a la gente afuera
En Mérida el hartazgo ya no se disimula. La reconversión de los CDI a “Centros Aprende” llegó como mazazo: primero se cerró, luego se anunció y jamás se explicó cómo ni cuándo regresan los servicios. El Ayuntamiento de Cecilia Patrón Laviada presume futuro mientras administra el vacío. Colonias enteras amanecieron sin talleres, sin acompañamiento y sin respuestas. El discurso habla de bienestar; la realidad muestra candados y silencios. Y todo esto pasa durante la cortina de humo negro que ofrece el carnaval.
La excusa de la “baja asistencia” no aguanta una revisión mínima. No hubo evaluación pública, no hubo consulta comunitaria, no hubo calendario de transición. Se desmontó lo que funcionaba y se pidió paciencia como si el tiempo no costara. Adultos mayores quedaron en pausa, mujeres perdieron espacios de capacitación y jóvenes se quedaron sin un punto de contención que sí estaba dando resultados. Cambiar el nombre no es política pública; es maquillaje. Y el maquillaje no tapa el abandono. Esta administración municipal no entiende que el pueblo ya no es ignorante y mucho menos se traba el atole con el dedo que Tía Ceci les brinda.
Esto no es modernización: es desprecio y el asco por la continuidad social. Mérida no necesita slogans nuevos ni fotos de inauguraciones futuras mientras la alcaldesa busca su reelección; necesita que lo que servía no desaparezca de un día para otro. Si “Aprende” fuera una apuesta seria y confiable, habría reglas claras, fechas y rendición de cuentas. Lo que hay es otra cosa: una administración que confunde propaganda con gobierno y que ofrece rezago en lugar de bienestar. El pueblo ya abrió los ojos y el mensaje es claro: con la ciudad no se juega.


