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Luminarias malditas: De Angélica Araújo a Cecilia Patrón, la oscuridad sigue gobernando Mérida

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En Mérida el cuento de las luminarias ya parece maldición hereditaria. Primero fue Angélica Aráujo, que endeudó a la ciudad con las famosas lámparas chinas de inducción magnética: carísimas, ilegales y tan malas que acabaron arrumbadas en bodegas como chatarra de lujo. Luego llegó Renán Barrera, el “héroe” que según él vino a corregir el desastre… pero terminó metiendo a Mérida en un pleito eterno con el banco, pagando cientos de millones por un contrato que nunca se tradujo en una ciudad bien iluminada. Mucho discurso, muchas ruedas de prensa, pero a la fecha nadie explica con claridad quién se hizo rico con ese negociazo y quién va a responder por el daño.

Ahora entra en escena Cecilia Patrón, que presume 45 mil luminarias LED y promete otras 25 o 30 mil como si fuera la inventora de la luz. Pero mientras infla cifras en su mañanera, colonias y comisarías siguen a oscuras, con calles que parecen cuevas y vecinos que dependen del reporte en redes para que les hagan caso. Habla de “autofinanciamiento”, de ahorros y de modernidad, pero ni hay transparencia en los contratos, ni auditorías claras, ni una sola respuesta contundente sobre el viejo escándalo de las luminarias chinas que seguimos pagando entre todos.

En resumen: cambiaron las caras, cambiaron los logos, cambiaron los discursos… pero la historia es la misma. Angélica firmó el hoyo, Renán lo profundizó y Cecilia intenta taparlo con discursos, LED y fotos de encendidos. El tema de las luminarias en Mérida sigue siendo un barril sin fondo: más de una década de deudas, bodegas llenas, zonas oscuras y cero responsables. Y mientras el PAN se aplaude a sí mismo en asambleas y mañaneras, los meridanos siguen caminando entre sombras, pagando una factura que nadie en el ayuntamiento se atreve a explicar con la verdad por delante.