El mismo relleno sanitario opera desde 1997. Hoy atiende a muchos más ciudadanos y su vida útil ya venció.
El problema de fondo no es el crecimiento de Mérida, sino la nula planeación con la que se permitió ese crecimiento.
Durante más de 30 años de administraciones panistas se autorizó construir a diestra y siniestra sin pensar en avenidas anchas, calles alternas ni infraestructura vial. Existe dirección de planeación y desarrollo urbano, se gastaron millones en supuestos estudios y proyectos, pero la ciudad se expandió de forma desordenada. El resultado es un territorio saturado, con más edificios y desarrollos autorizados dentro de la ciudad que solo generan más tráfico y problemas cotidianos para quienes viven aquí.
El detalle no es crecer: es haber crecido mal. Mientras los ciudadanos enfrentan las consecuencias de esa improvisación, las autorizaciones de última hora y la falta de control siguen dejando beneficios a quienes ocuparon la presidencia municipal. Cecilia Patrón Laviada y quienes la antecedieron salieron o saldrán, pero las secuelas de tres décadas de mala organización se quedaron en las calles de Mérida.
Las imágenes de hace 27 años y las de hoy muestran el mismo patrón: se achocó todo sin visión de largo plazo. El desarrollo desmedido continúa. Las consecuencias ya se sufren y se intensificarán.


