Corredor gastronómico: 174 millones al caño y el “proyecto estrella” terminó vacío
Lo vendieron como el gran “bastión” de Mauricio Vila Dosal y el trofeo urbano que presumiría Mérida ante el turismo internacional. Un corredor que, según la narrativa oficial, sería la cúspide del modelo panista: moderno, cosmopolita y rentable. Hoy, el golpe de realidad es brutal: el llamado Corredor Gastronómico no registra la afluencia prometida, los negocios reportan ventas discretas y el turista prefiere otros puntos tradicionales del Centro.
La inversión pública fue de 174.5 millones de pesos, pero el resultado se parece más a una escenografía cara que a un motor económico. Datos atribuidos a la propia Dirección de Turismo señalan que de cada 10 turistas que llegan al Centro, solo 2 pasan por el corredor, mientras la mayoría se va directo a lo que sí tiene vida: mercados populares, barrios coloniales y Paseo de Montejo. Más de 100 negocios en la franja de la calle 47 se han quedado con la promesa en la mano.
Y en medio del discurso de “beneficio para todos”, aparece la sospecha de un negocio privado que señala que Renán Barrera Concha tiene propiedades en ese tramo, beneficiadas por el aumento de plusvalía tras la intervención. El proyecto, que se vendió como “humo” por críticos locales, termina dejando una pregunta incómoda: ¿se construyó para el turismo… o para inflar patrimonios y vender el “modelo” a otros ayuntamientos?
Con estos disparates panistas, lo que antes era accesible, hoy se cobra como “experiencia premium”. Mérida no se volvió cosmopolita; se volvió más cara para los de siempre. Y si el “proyecto estrella” ya muestra grietas en ventas, afluencia y propósito, lo mínimo sería exponer quién lo diseñó, quién se benefició y por qué el gasto multimillonario terminó en un corredor que al día de hoy da mucha vergüenza.


