Alito Moreno: Del poder al desprestigio, el lastre que hunde al PRI
Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, exgobernador de Campeche y dirigente nacional del PRI, arrastra un historial de señalamientos que hoy pesan más que cualquier discurso de oposición. Desde su paso por el gobierno estatal, enfrenta investigaciones por presunto desvío de recursos públicos, peculado y uso indebido de atribuciones por montos que superarían los 83 millones de pesos. Aunque ha negado las acusaciones y las califica como persecución política, las carpetas de investigación siguen ahí, abiertas, recordándole al PRI que su liderazgo carga un costo reputacional cada vez más alto.
A las acusaciones de corrupción se suma un estilo político confrontativo que terminó por exhibirse en el Senado, cuando protagonizó un altercado físico con el senador Gerardo Fernández Noroña, un episodio que reforzó la imagen de un dirigente sin control ni altura institucional. Lejos de fortalecer al PRI como contrapeso político, Moreno ha optado por la estridencia, los señalamientos sin pruebas y la confrontación permanente, incluso acusando a adversarios de vínculos criminales, lo que ha sido ampliamente cuestionado por su falta de sustento.
Hoy, Alejandro Alito Moreno no solo enfrenta críticas externas, sino un profundo desgaste interno. Sectores históricos del priismo lo responsabilizan de derrotas electorales, decisiones cupulares y del progresivo descrédito del partido. Para muchos, Alito dejó de ser un líder y se convirtió en un lastre: un símbolo de la vieja política que promete renovación mientras acumula escándalos, investigaciones y una imagen pública que parece ir en caída libre.


